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Marcos Lorenzo. Por Xesús Cameselle Ben

17 septiembre 2012

Si Marcos Lorenzo, con su verdad bien inscrita en el ocaso oblicuo de la noche, hubiera nacido en la Rumanía de hace cinco siglos, habría dialogado muy a gusto con los caballeros de la época sobre la realidad enigmática del espanto, de lo sombrío prohibido por las palabras o de la atmósfera ciclópea y oscura  que estalla ocasionalmente entre latidos ocres, tierras, grises y negros. Marcos Lorenzo es un artista sorpresivo, apasionado, casi agobiante; capaz de convertir su alma en un auténtico espectáculo de abstracción para dotar a sus pinturas de una fascinación extraña, onírica y rotundamente enigmática.

De su saber, brotan universos. De su silencio: galaxias y oleajes rotundos y hasta agresivos que braman en lienzos plenos de libertad y misterio. Algo así como un jeroglífico nocturno en el que las pinceladas y los arabescos, más que poderosos, son el idioma perfectamente reconocible de su trasmundo singular y personalísimo.

Estoy convencido de que Marcos Lorenzo pinta sumergido en un difícilmente alcanzable otoño crepuscular hecho de impenetrables sombras jamás desordenadas, ya que si bien su obra germina en oscuras fuerzas intelectuales, después se desnuda de todas ellas para desencadenar todo un universo creativo de líneas corpóreas, de manchas representativas, de ideas que estallan de pronto como cataratas, para ofrecer una obra de ámbito lírico y bien meditado, desde el primer bosquejo hasta el resultado final.

Para contemplar la obra de Marcos Lorenzo es necesario tener el alma en estado de gracia sin sonido para encariñarse con sus estructuras geométricas, con sus grafismos clamantes y directos, con sus espectros invisibles donde la blancura se desnuda mientras las tinieblas se hacen tejidos de negros delicados.

Marcos Lorenzo, en fin, es un extraordinario ejemplo de una abstracción lírica que se articula desde el sentimiento sin rechazar un riguroso orden compositivo.

En la perfecta comunión de ambos conceptos reside el señorío, la belleza y la armonía de su estética única y rabiosamente actual.

Xesús Cameselle Ben. (Escritor)

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