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Marcos Lorenzo… bajo la lupa de Gonzho

1 noviembre 2012

 

Sería fácil auxiliarse con uno de los innumerables tratados y escritos sobre la historia del arte e intentar con ello escribir un texto que a la vez que resaltara la obra de este singular artista, también reviviera al que lo escribe; aparentando con esto ante los ojos del observador que soy un ser inteligente y erudito en la materia, pero no lo voy a hacer. Hace tiempo que conozco y le sigo la trayectoria a la obra de Marcos Lorenzo, y he de confesar que desde un principio quedé cautivado ante la monumentalidad psicológica que emana su pintura. Reconozco que es difícil ser objetivo cuando de lo que se habla a priori ya te ha seducido y cautivado, pero lo voy a intentar: los que me conocen saben que no suelo andarme por las ramas a la hora de hacer algún tipo de calificación o juicio de valor acerca de cualquier asunto, y siendo fiel a esa línea, afirmo que la obra de Marcos Lorenzo es una obra cohesionada y ligada a la tradición histórica del expresionismo abstracto. Su obra se ha nutrido de las grandes obras de los artistas del pasado y es como debe ser, pero este artista nos muestra una visión y abstracción cuyo acento lo pone en la elegancia y en la depurada y controlada acción de su pincel. Su mirada percibo que atiende sólo a lo esencial ante cualquier posible suceso. Su obra está despojada de trucos y ornamentaciones gratuitas que pudieran promover la adulación y el fácil aplauso. Su pintura me traslada al terreno de lo megalítico y por extensión, a la escultura. Yo diría incluso que la fuerza del gesto del autor a la hora de aplicar la pintura sobre el lienzo, es parecida a la fuerza que imprime el escultor al martillo contra el cincel que modela la piedra. La plasticidad de este autor me evocan civilizaciones y estilos de vida pasados, pero a la vez, el artista nos presenta un savoir faire totalmente contemporáneo y actual. El colorido de su mirada nos rebela que al artista le seducen los extremos. Utiliza los colores negros en contraposición con los espacios en blanco; otras veces, los oscuros los convierte en rojos sangrientos y los blancos, en amarillentos casi mortuorios y enfermizos, utilizando los grises como miasmas latentes cuya misión parece que es la de apaciguar las tensiones que se pudieran producir en el torbellino expresivo en que se convierte su obra. En este sentido, su pintura nos habla de una lucha interior producida por estados de ánimos diametralmente opuestos. Contemplar un cuadro de Marcos Lorenzo, es como estar asomado a un abismo y con los pies al borde del precipicio. Su obra despierta en nosotros sentimientos y emociones que no solemos reconocer en nosotros mismos. Imagino una estética social denominada Marcos Lorenzo. Una estética monumental diseminada en fachadas y utensilios de diseño y de uso cotidiano. Una estética que aúne a los hombres en el sentido de la emoción de la que ésta se nutre. Una estética que consista en hacer que el hombre y la mujer de todas las razas y culturas se reconozcan como seres de un Universo que les ha sido confiado.

Francisco González Díez  (Gonzho). Artista plástico.

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